Lindo perrito; me partes el corazón. Me hiciste detenerme. Me recordaste la sensibilidad. Ahí estabas, ignorado, casi pisado por todos. Parecía como que la muerte te llegaba. Los taxis, uno tras otro, casi te apachurran. Me recordaste que el dolor existe; y que es más feo el dolor ajeno. Patéticamente me limite a regalarte una caricia. Pero un hombre se detuvo; Rubén Alvarado. El te observo, y te miro directo. Alzaste la cabeza, le miraste fijamente a los ojos. Por fin te paraste, te fuiste. Adiós perrito, nos vemos.
miércoles, 8 de octubre de 2008
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