sábado, 23 de febrero de 2008

Gio


Porque sin sobresaltos y con sencillez puedes decírmelo de frente. Amiga, eres de un color verde olivo. Apareciendo ante todos como indefinible; porque caminas con la serenidad y blancura del cisne, esquivando siempre los opacos acertijos del racionalismo. Eres la dama vestida en enigmas indescifrables, en cuya sonrisa logran filtrarse las alegrías de la vida, cual si fueran diamantes sumergidos en agua dulce de rio, de corrientes mansas, expuestos a los inquietos y vivos reflejos del Sol. Tu voz, creadora de palabras que suenan a sentimiento, tan ligera, hipnotizante; como un plumaje que se pasea en el ambiente, deslizándose de acá para allá. Nada soberbia, me permites arrullarme en ella, y ya perdidos en el tiempo, abres las puertas de tu alma, me acurruco y duermo en ella. Linda niña. Tu templanza y tibieza escurren de esa mirada, tan inocente como arrojada; y lo hacen en forma de arroyitos desparramados por todas tus mejillas, pero poseedores de la energía suficiente para reavivar el espíritu.


Con un sorbo basta, la inspiración es duradera, me aguanta como para vivir un día más.

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